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Por mucho que algunos políticos sigan pensando que se trata de puro alarmismo innecesario, el cambio climático y sus consecuencias se hacen cada día más visibles.

Esto es lo primero que nos viene a la mente cuando observamos con consternación las imágenes de un oso polar, adulto, pero no anciano, que terminó desfalleciendo y perdiendo la vida por inanición.

Durante semanas, el pobre animal no halló qué comer.

Se trata del resultado de la investigación de Paul Nicklen, un biólogo y fotógrafo quien, durante años, ha estado mostrando el enorme daño que el cambio climático, el calentamiento global y el deshielo paulatino de los casquetes polares está produciendo en la vida animal, específicamente en los osos polares.

Nicklen se encontraba en compañía de su colega, la mexicana Cristina Mittermeier, en la Isla de Baffin, en el ártico canadiense, cuando observaron a un oso extremadamente delgado, que apenas se podía sostener, y con visibles signos de estar a punto de un colapso.

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