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Donald Trump y los tres aspirantes republicanos que todavía esperan desbancar al empresario de su lugar primero en la primaria presidencial escenificaron un debate sin gritos, sin ataques, sin la pasión -y los insultos- que los había caracterizado durante meses.

Extraño este mundo de los candidatos republicanos. Sucede que Trump está a punto de casi asegurarse la candidatura republicana si gana un par de primarias el próximo martes y sin embargo, sus rivales tuvieron un debate que más parecía una discusión seria entre caballeros amigos pero que no tenía nada de la urgencia que el momento electoral demanda.

Quizá culpa de nosotros el público. Nos hemos acostumbrado a la gritería, a los insultos y a las escandalosas palabras y frases de Trump que cuando el debate entra en el terreno de la discusión de políticas, planes y posiciones sobre este u otro tema el debate nos parece aburrido. Pero la verdad, hay que darle crédito a los candidatos republicanos.

En parte porque hasta el momento no han dado resultados los ataques a Trump -se habla de que Marco Rubio por ejemplo, ha venido en picada en las últimas semanas debido a que precisamente atacó a Trump- los candidatos tomaron al parecer la decisión de no entrar en el dime que te diré con Trump. Cuestionarlo sí desde el punto de vista muy conservador y republicano, pero sin llegar a los insultos o a la referencia personal.

El primer tema que se tocó fue el de los trabajos y la economía. Lo que más destaca es como de pronto todo el debate nacional -y en este caso el debate de los republicanos- ha cambiado. Aun gente como Rubio y el gobernador de Ohio John Kasich, republicanos en el molde más tradicional -y que tienen el apoyo del liderazgo del partido- están menos entusiastas con los tratados de libre comercio. Nadie entre los republicanos mencionó con entusiasmo el término “libre comercio”, lo cual cuesta creer ya que ha sido uno de los temas preferidos de los republicanos.

Todo este cambio de opinión o al menos de percepción sobre los tratados de libre comercio tiene que ver con lo dicho por Trump entre los republicanos y por Bernie Sanders entre los demócratas culpando a este libre comercio de la pérdida de trabajos. Es increíble como un tema que hasta hace unos meses estaba reducido al mundo académico y a esos trabajadores afectados hoy se ha convertido en algo así como “el malo de la película”. Con todo, para el récord: Rubio preció el Tratado de Libre Comercio con Colombia, señalando que ha beneficiado a la Florida gracias a las flores baratas que se traen del país sudamericano.

De inmigración no se discutió mucho, más allá de lo que tanto se ha repetido de que se construirá un muro en la frontera sur -hoy hasta Ted Cruz apoya la idea. Lo novedoso sin embargo, y que sólo se toco de pasada pero que es un asunto que pueda afectar dramáticamente la inmigración legal a Estados Unidos, es lo de los criterios para permitir que la gente emigre legalmente al país.

Sucede que hasta ahora el criterio ha sido básicamente familiar. Un fulano se convierte en residente legal y puede ahora emigrar o traer al país a su familia inmediata -esposo(a), hijos, etc.- La propuesta republicana, detallada en este caso por Rubio y Cruz, es que en lugar del criterio familiar sea el criterio de “mérito” el que se aplique. Que alguien podrá venir al país siempre y cuando tenga alguna habilidad técnica o profesional. Asunto académico si se quiere, pero de nuevo, que puede tener brutales ramificaciones en la vida de millones de inmigrantes.

En uno de los pocos temas que sí hubo claras diferencias con Trump fue en el de Israel, o mejor dicho el del rol que Estados Unidos debe jugar en el conflicto en la tierra santa. Como es de esperarse y como se ha dicho en otros debates, todos los republicanos se dan golpes de pecho por aparecer como el más fuerte aliado de Israel.

Trump marca la diferencia con un argumento que suena simple pero que ofende al resto de candidatos y que sin embargo es el más aceptado entre los expertos de política exterior: Estados Unidos tiene que ser un actor neutral en el conflicto entre Israel y los palestinos. Que sólo Estados Unidos puede conseguir que los dos bandos se sienten a la mesa de negociación y negociar para algún día acordar la paz.

Esto de Trump es uno de los tantos ejemplos en los que el empresario rompe la ortodoxia republicana y que por ello sus rivales lo acusan de no ser un “verdadero conservador”.

En varios momentos del debate se habló de algunas de las cosas que han identificado a Trump y su campaña, bien las cosas que dice el empresario o el “enojo” que muestran sus simpatizantes. Sobre lo que ha dicho Trump fue Rubio quien mejor criticó a Trump, aunque sólo sea de manera indirecta: “los presidentes no pueden decir cualquiera cosa que quieran. (Lo que dicen) tiene consecuencias”, señaló el senador de la Florida.

Rubio aceptó también de que la gente “esta enojada”, “muy enojada”, pero que sin embargo, un líder debe servir para motivar  pero no para definir a un candidato. Trump mismo habló también del tema señalando que hay “gente mala” entre la que protesta y que él no está de acuerdo con ellos.

No es casualidad que se mencione aquí más a Rubio que a los otros candidatos, no porque el senador haya tenido más tiempo para hablar sino porque tomo la actitud de no atacar a Trump y meterse a la discusión o explicación de los temas que se tocaron -desde su punto de vista muy conservador por supuesto.

En algún momento para el caso, le preguntaron a Rubio sobre el cambio climático, que el mismo alcalde Miami que le ha dado su apoyo a Rubio, dice preocuparle. No obstante que el moderador trato de arrinconar a Rubio, el senador no dio el brazo a torcer y no acepto lo que es ahora cosa aceptada por la inmensa mayoría de los científicos de todo el mundo que estudian lo del cambio climático: que es el ser humano el que ha causado ese cambio climático.

No queda claro si el debate cambiará voluntades. La “baja energía” de Trump es posible que en este caso le haya beneficiado. Trump necesita mostrarse como “presidenciable” y de alguna manera lo consiguió. Otro detalle sobre Trump es que el empresario repite una y otra vez que él conoce el sistema y que por lo tanto sabrá como arreglar las cosas. Frase hueca si se quiere, pero que al parecer creíble entre los que siguen a Trump.

Rubio pudo haber ganado el debate pero a lo mucho por puntos, es decir, no hubo un golpe decisivo que lo pudiera catapultar al primer lugar en las encuestas en la Florida. Lo que sí consiguió Rubio fue una noche digna. Si llegase a perder el martes saldrá de la competencia al menos con la imagen del debate de Miami y no con la que tenía antes donde se había enlodado en los insultos y ataques -incluso personales- a Trump.

Mucho sin embargo queda por definir en esta primaria republicana. Rubio mismo, así como casi se le está enterrando políticamente, si llegase a ganar el martes habrá conseguido de inmediato vivir un día más y seguir dando la pelea a Trump.

Cruz lo mismo, tuvo un relativo buen debate y sigue como el casi obvio rival para Trump. Con todo, si Rubio gana en Florida, ese Cruz que hoy parece el segundo inamovible, estará de pronto en serios problemas ya que no tendrá otros estados donde sea natural que pueda ganar -donde hay muchos evangélicos y gente más conservadora.

Kasich por su parte, volvió a ser el mismo de otros debates: sin meterse a ninguna pelea y mostrándose como el adulto del evento. Su estrategia se basa en ganar en Ohio y esperar que Trump no consiga los delegados antes de la convención para ser coronado como el candidato republicano.

Quizá el debate en Miami marca el cierre de un capitulo o una fase en los debates republicanos. Desde el primero en julio pasado pasando por la casi una docena después, prevaleció siempre la dinámica de un Trump diciendo cosas rimbombantes y ofensivas y el resto tratando de ignorarlo.

Con el tiempo se dieron cuenta que habían cometido un error. Cuando lo atacaron sin embargo, tampoco les dio resultado. De ahí las buenas maneras del jueves, “lo civilizado” que estuvo el debate, en palabras del propio Trump. Por hoy no mas debates y sí primarias que rápidamente pudieran definir la campaña republicana. Si Trump gana en la Florida y Ohio no hay nada que lo pueda detener hacia la nominación presidencial.

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