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 “A lo largo de mi vida”, ha escrito este sábado el presidente, Donald Trump, en su cuenta de la red social Twitter el sabado, “mis dos mayores talentos han sido la estabilidad mental y ser, bueno, realmente listo”. Y como prueba de ello ha señalado ser un “MUY exitoso empresario, una estrella de élite de la televisión, y presidente de Estados Unidos (a la primera)”. Así, Trump se considera “no sólo listo, sino un genio… y un genio muy estable, de hecho”.

Trump sale así una vez más al paso de las murmuraciones sobre su salud mental, sostenidas esta vez sobre la estela del libro “Fuego y Furia”, de Michael Wolff, que ha sacudido esta semana la Casa Blanca no por sus revelaciones o descalificaciones contra Trump (basadas supuestamente en 200 entrevistas con su círculo cercano, aunque la columna vertebral parece emanar de su ex estratega en jefe, Steve Bannon), sino sobre todo en la reacción furibunda de éste: primero arremetió salvajemente contra Bannon en un comunicado que amenaza con abrir una brecha en su electorado, y después tratando de frenar (sin éxito) la publicación en los tribunales.

“Todos [sus asesores] dicen que [Trump] es como un niño”, señaló el autor ayer en una entrevista en NBC, “dicen que es un es un imbécil, un idiota”. Sobre su salud mental, citó lo que supuestamente le dijo Bannon: “Ha perdido la cabeza”. Que, curiosamente, fue exactamente lo que luego Trump dijo de Bannon en el citado comunicado, emitido tras difundirse los primeros extractos del libro.

No es la primera vez que se pone en duda la salud mental o la brillantez de Trump, ni la primera vez que él mismo sale a defender sus virtudes intelectuales. Cuando NBC informó de que el secretario de Estado, Rex Tillerson, había asegurado en privado que el presidente es “un idiota”, Trump respondió: “Tendremos que comparar los coeficientes de inteligencia. Y puedo decir quién va a ganar”. Tillerson nunca desmintió directamente haber dicho tal cosa; desde hace meses se especula sobre su dimisión o despido, tras sufrir varias desautorizaciones directas de Trump, pero a día de hoy sigue en el puesto.

En Twitter, Trump ha asegurado además ser el único que puede solucionar una amplia variedad de problemas o asuntos políticos: “Nuestra frontera sur es insegura, soy el único que puede arreglarlo”; “nadie puede ganarme en cuestiones económicas (y de empleo)”; “nadie protegerá nuestra nación como Donald J. Trump”; “sólo yo puedo arreglar nuestras complejas leyes fiscales”; “sólo yo puedo resolver [el terrorismo islámico radical]”; “sólo yo puede arreglar [el crecimiento económico]”; “nadie puede ganarme en seguridad nacional”; “nadie lucharía más por la libertad de expresión que yo”; “nadie tiene más respeto por las mujeres que Donald Trump”; “nadie entiende a los políticos como yo”; “nadie sabe de empleo como yo”; “soy el único que puede arreglar las infraestructuras de nuestro país”; “soy el único que sé cómo construir ciudades”…

En su libro El arte de volver (1997), Trump escribió sobre una etapa de su vida, en los años 90, en la que se volvió “un poco arrogante”: “Creía que no podía fallar en nada. Tenía ese sentimiento de invencibilidad, que, al final, aunque a veces puede ser positivo, también puede destruirte. Bajas la guardia. No trabajas tan duro. Entonces las cosas empiezas a desbaratarse. Y eso fue lo que me ocurrió a mí, aunque nunca creí que me pudiera pasar”.

Pero la economía terminó por recuperarse, y Trump resurgió. Ahora es presidente.

En Twitter, Trump ha asegurado además ser el único que puede solucionar una amplia variedad de problemas o asuntos políticos: “Nuestra frontera sur es insegura, soy el único que puede arreglarlo”; “nadie puede ganarme en cuestiones económicas (y de empleo)”; “nadie protegerá nuestra nación como Donald J. Trump”; “sólo yo puedo arreglar nuestras complejas leyes fiscales”; “sólo yo puedo resolver [el terrorismo islámico radical]”; “sólo yo puede arreglar [el crecimiento económico]”; “nadie puede ganarme en seguridad nacional”; “nadie lucharía más por la libertad de expresión que yo”; “nadie tiene más respeto por las mujeres que Donald Trump”; “nadie entiende a los políticos como yo”; “nadie sabe de empleo como yo”; “soy el único que puede arreglar las infraestructuras de nuestro país”; “soy el único que sé cómo construir ciudades”…

En su libro El arte de volver (1997), Trump escribió sobre una etapa de su vida, en los años 90, en la que se volvió “un poco arrogante”: “Creía que no podía fallar en nada. Tenía ese sentimiento de invencibilidad, que, al final, aunque a veces puede ser positivo, también puede destruirte. Bajas la guardia. No trabajas tan duro. Entonces las cosas empiezas a desbaratarse. Y eso fue lo que me ocurrió a mí, aunque nunca creí que me pudiera pasar”.

Pero la economía terminó por recuperarse, y Trump resurgió. Ahora es presidente.

 

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