Columna de opinión

Por Carlos Rajo

La declaración del Presidente Obama de estar en favor del matrimonio de personas del mismo sexo será tomada sin duda por muchos como un enorme avance en la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos y como una muestra del coraje político del mandatario. Por fin, nunca antes un presidente se había expresado en tales términos en un tema tan controversial que sigue dividiendo a la sociedad estadounidense.

El problema para Obama y los demócratas es que más allá del elogio y apoyo de su base -y de sectores independientes de criterio amplio y liberal- lo dicho puede ser dinamita en la campaña presidencial. Es no sólo que hay mucha gente que todavía no se siente cómoda -y algunos nunca se sentirán- con la idea del matrimonio entre homosexuales sino aun peor, que entre sectores claves de los votantes que Obama necesita para reelegirse como los afro-americanos y los latinos, el rechazo a tal idea es aún más intenso.

Supimos de la declaración de Obama por una entrevista que dio a la cadena de televisión ABC, en la cual el mandatario señaló que para él “personalmente” es importante afirmar “que las personas del mismo sexo deberían de estar en capacidad de contraer matrimonio”. Lo de “personalmente” es importante ya que con eso el mandatario quiere un tanto cubrirse las espaldas y señalar que su opinión es muy de él, muy del ser humano Obama -antes que del Presidente Obama- y que además por ser personal no necesariamente tiene que ser compartida por el resto de la nación.

Nadie por supuesto se llama a engaño. Todo lo que dice el ser humano Obama está dicho también por el Presidente Obama. Igualmente, aun cuando lo diga el mandatario Obama en su calidad personal el dicho cae como una bomba en el centro del debate político. Así como habrán muchos que lo elogiaran por su visión y coraje al hacer pública su posición en el tema, habrán otros que nunca le perdonarán haber incursionado en una área que no sólo divide al país sino que causa intensas pasiones.

Debe quedar claro que con lo dicho por Obama no cambia nada en términos de la situación jurídica de los matrimonios de personas del mismo sexo. Por el momento en Estados Unidos este es un tema que regulan los estados y en el cual el gobierno federal básicamente sigue los lineamientos estatales. Hay además una ley -esta sí a nivel federal- que define el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer (por cierto, ley que fue aprobada durante la Administración del demócrata Bill Clinton). Lo de Obama entonces es puramente simbólico, aunque por supuesto por salir de boca del presidente nadie podrá ignorar.

Según lo dejo entrever el mandatario en la entrevista televisiva, lo suyo ha sido un proceso de entendimiento, de ir poco a poco madurando sus ideas -a través de experiencias personales con gente que trabaja con él, con amigos, con donantes a su campaña, etc.- sobre los llamados “matrimonios gays”. Proceso diría alguien, similar al de mucha otra gente en el país.

Sucede que la sociedad ha ido cambiando y así como en su momento hubo una feroz lucha por la vigencia de los derechos civiles -contra la discriminación racial y demás- en estos últimos años, fruto del esfuerzo de muchos y de vivir experiencias similares a las del presidente, paulatinamente se ha ido extendiendo la idea esa de que es injusto que la gente del mismo sexo no pueda casarse. Para los que están a favor de la idea el llegar al punto que hoy ha llegado el mandatario es muestra de estar en la avanzada social. De ser progresista y de entender que la sociedad de hoy no es la misma de la de nuestros padres.

El problema es que el país sigue dividido por la mitad en este tema. Para la gente conservadora y particularmente para los que ven el mundo en base a ideas religiosas -o para quienes al menos la religión juega un rol en sus vidas- lo de los matrimonios gays es simplemente territorio prohibido. Es no sólo que se opondrán ferozmente al dicho del presidente, sino que además es posible que aun en sectores demócratas que obviamente lo apoyarían, lo pensaran dos veces antes de votar por él.

Se ha dicho que una de las razones por las cuales el presidente dijo lo que dijo es para ganarse -o solidificar- el apoyo de gente adinerada dentro de la comunidad gay. Personajes de Hollywood, del mundo del espectáculo en general y otros sectores que dan mucho dinero al partido demócrata y a la campaña del presidente quienes demandaban una expresión en público del mandatario sobre los matrimonios gays. Este jueves por ejemplo, el presidente viaja a Los Angeles a un evento de recaudación de fondos y de seguro que recogerá carretadas de dinero en parte por su dicho sobre el tema. La semana próxima tiene un evento en New York donde estará el cantante latino Ricky Martin y donde igualmente Obama obtendrá mucho dinero para la campaña de reelección.

Se dice también que lo del presidente ha sido bien medido en el sentido de llegarle a los votantes jóvenes. Que aun cuando en general latinos y afro americanos se oponen a los matrimonios gays, cada día hay más votantes jóvenes en ambos grupos -lo mismo que entre los votantes anglos de universidades y otros similares- que piensan distinto de lo que pensaban sus padres y que en este tema están en sintonía con lo dicho por Obama. En fin, que lo dicho en la televisión responde a un cálculo político. Que es más lo que se ganará que lo que se perderá en términos electorales.

Sólo el tiempo dirá si Obama es penalizado electoralmente o si lo hecho fue la mejor jugada de estrategia política. Pero lo cierto es que más allá de las consecuencias en la elección presidencial, lo dicho por el mandatario sobre los matrimonios gays se gana de inmediato un lugar en la historia reciente del país. En el último año de su mandato el mandatario cumplió una de las grandes expectativas que existían sobre él y su presidencia. Uno puede estar en desacuerdo con Obama pero no puede negarle el coraje y la rectitud moral en lo hecho.

Llega un momento en las sociedades en el que los líderes políticos tienen que ser capaces de dar el salto hacia adelante. Obama lo ha hecho ahora. Al final será de seguro el Congreso -no este por supuesto que es extremadamente conservador- o la Corte Suprema -no está tampoco- quien dirá la palabra final en el tema de los matrimonios gays. Pero por hoy es el presidente Obama quien se lleva los reflectores.